Nunca había participado en ella, algunas veces no estaba en la U el día indicado, otras, simplemente me arranqué. La cosa es que ese día, los pinponistas, reunidos comentando las últimas elecciones o simplemente el clásico del Domingo, empezaron a observar como se realizaban los preparativos para lo que vendría.
Como buena mafia que éramos, la reducida familia del pin pon, salió en pleno a ver lo que sucedía, estaban los de siempre: El Flaco Nano, Dieguex, los dos pelaos, Snake, Carvacho y yo nos ubicamos en el Puente mirando cómo un reducido número de combatientes se alistaban, entre risas (pobres ingenuos), a recibir al enemigo.
A partir de ese momento, un increíble cambio se apoderó de mi personalidad, y me transformó en el tantas veces funesto y temido "hombre masa". Claro, de que otra manera explicar el hecho de que sin quererlo, terminé junto a mis compañeros en la primera línea de defensa, y dándo órdenes a los más bisoños.
Cuando los innombrables aparecieron frente a nosotros, nos ubicamos sabiamente detrás de nuestra línea de escudos (de cholguán), y nos aprontamos a la batalla.
Todo sucedió tan rápido que pareció un segundo, volaron las municiones, rechazamos los embates del enemigo, hasta que debido a nuestra inferioridad numérica y, sobretodo, a la maldita bomba lacrimógena que los villanos lanzaron tras nuestras tropas, empezó la desbandada.
Así fué como quedé sólo, empujando el escudo de un ingeniero, para que no avanzara. En ese momento me percaté de mi abandono entre las filas enemigas, y por un azar de los hados, sólo yo me di cuenta de aquello. Los ingenieros a mi alrededor parecían no verme, por lo que aproveché el momento para correr (entre una multitud de enemigos) hacía la protección de la Escuela, a ver si había algo que hacer, (a esas alturas, los ingenieros ya habían tomado por asalto el Puente).
Mientras corría observaba como unos cuantos héroes aún defendían la entrada principal a "Tierra Santa", arriesgando su pellejo en el intento, yo recogí un casco que encontré tirado en el piso y me dirigí a la puerta lateral de nuestra Escuela, en ella había un pequeño piquete de valientes que arrojaban lo que podían a las filas enemigas, sin lograr hacer mella en el avance ingenieril. Tuve que gritarles que era uno de ellos para que no me reventaran a tomatazos. Gaona, el oficial al mando me reconoció y ordenó el cese al fuego. Cuando me uní al grupo, ya una horda se descolgaba de la columna principal, para hacernos puré. En ese momento, ordenamos a los compañeros que entraran, y Gaona y yo entramos al final, cerrando la puerta por dentro.
En esos instantes, enloquecido por el fragor de la contienda, sólo pensaba en ayudar a los bravos defensores de la Puerta Principal, quería sangre, quería reventar cabezas, quería... bueno, como les decía "el hombre masa".
Atravesé el patio de la Escuela hacia el Hall, cuando empezé a escuchar estallidos sordos, llegué a creer que en su odio irracional, los malditos habían traído artillería pesada, pero cuando llegué a la Puerta, pude ver que eran los vidrios de la querida "Alma Mater" que caían hechos pedazos sobre las cabezas de los defensores, eso terminó de enloquecer mi afiebrada cabeza y en un arranque de ira, tomé un palo que habían arrojado al interior y lo metí a través de las rejas que me separaban de mis enemigos mortales, quería vengar la muerte de mis camaradas y lavar la afrenta contra nuestro Decano, si sólo se acercaba uno lo pagaría caro...
En eso estaba, cuando uno de los vidrios rotos que pendía sobre mi, saltó hecho trizas y me hirió la mano. No se si fué la herida (que no noté hasta un rato después), o el desgaste de la Adrenalina, pero no habiendo más que hacer, me retiré hacia el patio donde arrojé el casco con furia al suelo y me senté a descansar de la batalla y rumiar la pena de la derrota, de la humillante derrota.
La Caro, mi eterno amor de la facultad, salía en ese momento de clases, (siempre tan perna ella) y al verme sentado exclamó con pavor, señalándome el charco de sangre que había en el suelo, bajo mi mano herida, entonces me ordenó maternal, pero autoritariamente que me fuera a lavar, para luego empezar a reprocharme por mi inmadurez... Que se creía?...
Cómo podía tratar así, a uno de los héroes de la última guerra del puente?